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| Argazkia: Kirk Piehler |
Cuatro meses escasos.
Esa es la edad que tenía esta magnífica ave cuando fue abatida por un
cazador. Fue tiroteada en su primer viaje migratorio que le llevaría a
algún lugar del sur de Iberia, o más probablemente a algún humedal
costero de África Occidental, quién sabe, tal vez en la costa mauritana,
tal vez en Senegal, Gambia, Togo, Costa de Marfil, Guinea... Pero no
pudo ser por culpa de un desaprensivo, o seguramente por culpa de un
delincuente que le disparó de forma consciente y deliberada, sin duda
embrutecido por todos los años de impunidad que los poderes públicos han
brindado a los de su clase.
El águila abatida había nacido en el
lago de Oberhavek (Steinförde), cercano a Fürstenberg, en el land de
Brandenburgo. Fue anillada, en el propio nido en que nació, el día 26 de
junio de 2011. Se le puso en una pata una anilla de PVC negra, con un
código de grandes caracteres que permite lecturas desde gran distancia y
facilita el seguimiento individual de las águilas.
110
días y 1.592 kilómetros después, el animal fue muerto sin haber sido
observado ni una sola vez. El primer y último dato de control que han
recibido los alemanes ha sido el de su muerte a manos de nuestros
entrañables deportistas, 'ejemplos vivientes de andar por la vida y por
el campo'.



